Los TRES miedos principales cuando decides vender tu casa

Poner en venta tu casa supone un estrés añadido. Esto es así porque fundamentalmente se trata de desprendernos del lugar donde residen buena parte de nuestros recuerdos y efectos personales, dónde nos sentimos privacidad y habitualmente dónde hemos invertido la mayor parte de nuestros ahorros. Estos factores se ponen en tensión cuando decidimos poner la vivienda a la venta, debido a estos tres miedos:

  1. NO CONSEGUIR el mejor precio: El mejor precio no lo pone el propietario lo pone el mercado y éste no es el precio que vemos en internet ni el que dice nuestro vecino, sino que se determina en función de cinco factores, hace tiempo lo escribí en este post. Es lógico que queramos vender al mejor precio y que de principio no queramos renunciar a nada. Pero para acertar debemos tener la mente abierta: escuchar a los especialistas, cuidar los detalles desde el principio, no precipitarnos con la puesta en venta, manejar bien los tiempos y saber negociar con los compradores.
  2. MOLESTIAS por falta de privacidad: Incluso antes de que decidamos poner en venta la casa, desde el momento que lo comentamos, empezará “la fiesta”. Comenzamos a sufrir la falta de privacidad: llamadas por teléfono, visitas inesperadas. Una vez que lo hacemos público, ya se hace insoportable, pues nos interrumpen en los momentos seguramente más inoportunos y lo malo es que no sabemos nunca cuando el que nos llama es realmente un comprador potencial de nuestra vivienda. Tenemos la casa siempre dispuesta para enseñarla, lo que invade nuestra privacidad enormemente y también condiciona nuestra agenda profesional y personal. Saber seleccionar y retener a los compradores es la tarea probablemente más difícil para un propietario, hoy los hábitos han cambiado mucho y los compradores buscan vivienda más en los momentos de ocio y a las horas quizá menos esperadas.
  3. PROBLEMAS en la formalización: Una vez tenemos un interesado, resulta esencial formalizar con garantías, no basta con que nos den una señal y firmar un contrato que nos bajamos de internet. Esa señalización debe ser el resultado de un proceso de selección concienzudo por parte del comprador y garantía de su solvencia y la firmeza de su decisión. De nada nos sirve firmar un contrato de arras si un mes más tarde no se puede completar la compra. Como propietarios debemos analizar el estado de cargas de nuestra vivienda y sus posibles limitaciones para la transmisión. Por otro lado si el comprador renuncia debemos saber que el contrato de arras no se resuelve de facto sino que debe ser resuelto de forma expresa por el comprador o bien mediante sentencia judicial o laudo arbitral (ver aquí).

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